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Javier Honikman

Una historia personal

El reloj digital y la empresa propia

Por Javier Honikman, fundador de Nexo Servicios Postales

A los 14 años mis sueños eran dos: lucir un reloj digital en mi muñeca y ser el dueño de una empresa.

Pero antes de lograr esas metas hice varias cosas: fui encuestador, empleado en un estudio jurídico e incluso vendedor, recorriendo en un Renault 4-L las provincias del Noroeste ofreciendo los productos del bazar gastronómico de mi padre.

A mediados de los 70, mi hermano menor entró a trabajar en una mensajería en moto. Era un negocio totalmente inusual: había pocas motos en Buenos Aires para llevar y traer cosas, y el concepto de delivery no existía.

El que quisiera comprar algo debía ir personalmente. Me pareció tan de vanguardia lo de la mensajería, que yo también pedí trabajo allí. Con mi moto Puma 125 me sentía en la cumbre de la modernidad.

Un día de mucha, mucha lluvia estaba yo en la agencia esperando que el dueño me diera los próximos ítems a entregar. Mi campera estaba empapada y el pelo mojado –muy largo, por entonces– me chorreaba la cara.

En un momento, se me ocurrió preguntarle a mi jefe:
-¿Cómo va a hacer para que haya cada vez más gente que conozca este servicio?
El hombre me miró desconcertado e, incluso algo enojado:
-¿Por qué no te ocupás de tu trabajo y dejás que yo haga el mío?

Lejos de desanimarme, esa respuesta movilizó las ideas que hacía rato tenía en mi mente. Entre ellas, el business plan de mi futuro emprendimiento.

Dos personas, un local

¡Precisamente! Quise abrir otra mensajería en moto. El único personal con el que contaba era yo mismo, aunque poco después se sumó mi socio de siempre, Carlos Álvarez.
Finalmente, el local que tiempo antes ocupó el bazar de mi padre, se convirtió en el lugar indicado.

Antes de abrir el local, decidimos hacer un estudio de mercado. Y como consecuencia de ello, ideamos una campaña de marketing directo que por esa época se llamaba “publicidad postal”.

Para esa campaña, con mi mujer, creamos el primer folleto; un díptico donde se mostraba a una abuela que debía irse de viaje y necesitaba que alguien llevara a su canario a la casa de su hija.

Carlos Álvarez Primer folleto de Nexo

Pero, ¿a quién le enviaríamos ese folleto?
Junto con Carlos, su esposa, los fines de semana armamos una base de datos. ¿Cómo la hicimos sin computadora? Con una máquina de escribir Lettera 22, portátil de Olivetti, copiábamos los datos de las Páginas Amarillas. Lo hacíamos eligiendo los rubros de las empresas que, según pensábamos, podrían necesitar mensajeros en moto.

Luego fotocopiamos esas hojas, las cortamos en forma de etiquetas y las pegamos en los sobres donde colocamos los folletos.

Ya con las piezas en la calle, con Carlos nos pusimos a esperar los llamados de los nuevos clientes. Nosotros mismos atendíamos, hacíamos de vendedores de los servicios de la mensajería y llevábamos adelante la administración. Eso nos ayudó a crecer y luego pudimos contratar a otros mensajeros que nos acompañaron.

La oportunidad

Un día, uno de nuestros mensajeros llevó un sobre a una persona del Correo Argentino, la cual solicitó concretar una reunión con el fin de conocernos.
En dicho encuentro, esta persona nos comentó que la ley de Correo permitía que empresas privadas brindaran servicios que el correo no podía cubrir.

Nos interesamos, y para materializarlo debimos preparar una abultada carpeta de antecedentes y esperar la gestión de la autorización. De todas formas, me propuse estar lo más cerca posible de la gente del Correo mientras se llevaba a cabo el trámite. Durante 10 meses fui casi todos los días al Palacio de Correos, recorría los despachos e iba siguiendo el avance de nuestra solicitud.

Finalmente en 1983, nació Nexo Correo; La habilitación como permisionario, nos obligó a pensar “en grande”.

De mensajero a cartero

Muchos de nuestros mensajeros se convirtieron en carteros, recurrimos a más gente para la administración y buscamos un espacio mayor para el depósito y la selección de cartas y paquetes.

Por entonces, la tecnología estaba revolucionando el mundo: supimos que debíamos sumarla a nuestra compañía como una primera medida para diferenciarnos de los competidores. Así fue que decidimos imprimir los avisos de retorno. Empleamos una computadora Commodore 64 y una impresora de matriz de puntos. Era algo novedosísimo para esos tiempos.

Pero eso no fue todo: desarrollamos un programa de geocodificación basado en la conocida Guía Filcar. Con ese programa, pudimos hacer un mejor seguimiento de las piezas.

El código de barras

Otra gran novedad llegó en 1987, cuando introdujimos el código de barras. Hasta donde conocíamos, sólo se usaba en algunos productos envasados, y como sus ventajas eran tantas, trasladamos la idea a nuestros envíos. Fuimos la primera empresa de servicios postales de Argentina en dar ese paso. Los clientes no daban crédito a lo que veían; pero como el código resultaba útil, nos apoyaron. Siempre fuimos concientes, que para lograr que nuestra compañía creciese, era necesario ir conjuntamente con la tecnología.

En persecución de esta idea, fue que años más tarde, en 2001, creamos Postal Tracking Suites, un sistema íntegramente desarrollado por nosotros. Cada cartero, provisto de una Palm, informaba en el acto qué había ocurrido con su carta. Esta información llegaba de manera directa e instantánea a nuestra empresa, lo que hacía que los Contact Centers contaran con valiosos datos en tiempo real.

El mismo año, con Internet ya casi masificada, ideamos un sistema de seguimiento gestionado por los mismos clientes, desde el lugar en que se encontraran. Fue otra innovación que más tarde adoptaron las demás empresas postales.

Nuevos desafíos

Hoy, puedo decir que mi sueño de formar una organización se ha cumplido… y mi reloj digital lo tuve bastante antes: mi mujer me lo regaló en 1978.

Actualmente el desafío es hacer de la tecnología nuestra aliada para su aplicación en todos nuestros servicios y en las soluciones integrales de marketing directo para nuestros clientes.

Lo importante es que seguimos teniendo el mismo empuje de aquellos primeros años en los que pensaba cómo hacer para que más gente tuviera una mejor manera de enviar sobres y paquetes de un lado a otro.

En realidad, no existe ningún motivo para dejar de pensar cosas nuevas porque, como siempre digo, no hay peor gestión que la que no se inicia.

Javier Honikman